Blogia

Al Otro Lado Del Espejo

Tolerancia ;)

Querido Mohamed:

No hace demasiado que nos conocemos, unas escasas semanas desde que llegaste al bar y nos cambiaste un poco la rutina.

Desde entonces todos los habituales del bar me han preguntado que por qué te di trabajo, y cuando lo oyes, sé que has aprendido aunque sea un poco de castellano, porque me miras con una mezcla de agradecimiento y extrañeza. Cada vez que se te cae un vaso, o no entiendes el tipo de café que piden, me miras pensando (probablemente) que en breve llegará la reprimenda y tendrás que irte como de otros sitios antes.

Por eso te escribo esta carta, creo que te mereces saber la verdad; aunque sólo sea una pequeña explicación, y sobre todo una señal de ánimo.

Posiblemente, si hago esto, el contratarte, el darte las facilidades que pueda, el defenderte cuando tú no lo entendías frente a los más cerrados, es tal vez porque yo he estado en tu situación. Sé lo que puede doler que si se te cae un plato o un vaso tengan la excusa para ponerte de patitas en la calle. Sólo que yo tuve suerte, sólo estuve en esa situación un verano, trabajando, como tú lo haces ahora, en un bar en el que te hablan en algo que suena como el gorgojeo del agua para ti. Pero lo tuyo es peor, lo sé, sé que tendrás que quedarte aquí.

Me hubiera gustado tener valor para decírtelo a la cara, pero tú sabes que yo soy un cobarde. Te admiro. Supongo que yo haría por mis hijos lo mismo que tú haces por tus padres, pero aun así comprendo lo duro que debe de ser para ti.

Te querría haber tendido mi mano, te querría haber abrazado cuando empezaste a chapurrear. Sé que es triste que la primera palabra que aprendieras a decir aquí fuera “cerveza”, yo sé que te merecías un trabajo mejor.

Pareces listo, siempre llevas algún libro en el macuto que no te quitas nunca, seguro que sabes mucho más que todos esos estúpidos que afirman que tú, como todos los magrebís, "moros" como ellos os llaman,(cuado no cosas peores), sois una plaga para España. Seguro que los entiendes, seguro que intuyes lo que dicen solo por sus caras. Yo lo sé y se lo advierto, pero ellos afirman lo contrario. Entonces tú pareces dolido, pero aun asi me miras como diciéndome que comprendes que yo no les puedo rechistar, que son mis clientes. Puedo reconocer en esos ojos los ojos que le ponía yo a mi jefe en Suiza.

Y también reconozco la cara que pones cuando llega una carta de tu familia, reconozco las lágrimas que asoman de tus ojos cuando miras en tu cartera y encuentras la foto de tus hermanos.

Eres demasiado joven para estar aquí. Supongo que además, al conocerte, me entró un poco de paternalismo. Tienes la misma edad que mi hija, la que estudia en Alicante. Os llevareis bien este verano cuando os conozcáis. Se parece a ti, tiene tu espíritu soñador. Espero que nunca se atrofie eso que os une. Espero seguir viendo la esperanza en tus ojos.

Por eso te doy esto, por eso te quería decir que he empezado a estudiar francés para poder comunicarme mejor contigo, y que eres el mejor trabajador con el que he podido contar jamás.

Ánimo, vales todo y más, pronto veras como las cosas mejoran. Tal vez puedas traerte a tu familia aquí. Siempre que ves a mi hijo con los libros hechos polvo escribes alguna línea mas en alguna de tus cartas, supongo que tus hermanos también estarán estudiando, o intentándolo. Además me encantaría conocer a las personas que le dieron la vida a alguien tan valiente como tú.

Nos vemos frente a la máquina de café.

Juan

[Cath]

Orillas del tiempo

Orillas del tiempo

"Nunca he entendido muy bien el tiempo. Lo entiendo de una foma intelectual, pero mis sensaciones temporales son singularmente vagas. Nunca sé si una cosa ha pasado hace dos meses o hace dos años. Las cosas que me importan de mi vida siempre están presentes, como si hubieran sucedido ayer. Cuando veo a una amiga a la que no veía hace dos años, siento como si pudiéramos retomar la conversación exactamente en el mismo punto en que la habíamos dejado. A menudo no sé en qué "dirección" va el año, si vamos hacia el verano o hacia el invierno. Me asombra que "media hora" por ejemplo, dure el "mismo tiempo" que la quinta sinfonía de Beethoven, y el "tiempo" de hacer una tortilla de patatas (...) "

Cath

...

...

Ahora eres feliz. O eso me cuentas.

Yo no sé si el amor tiene retornos,

o el corazón latidos que no fueron.

Sé que la esperanza es el espejo

en el que uno se afeita la nostalgia

después de haber soñado cualquier noche.

Sé que existen palabras como látigos.

Y caricias con sal en las heridas.

Y que a veces se llora tras un beso.

Sé que un nombre puede ser el paraíso.

Y que hay cuerpos que saben del cansancio.

Y que hay copas malditas que emborrachan.

Y sé que la verdad tiene mil rostros.

Cath

Pensando demasiado]

Pensando demasiado]

Últimamente me he sentido más desganada que de costumbre. Como cansada, cansada por dentro, medio dormida. Como si mi alma estuviera agotada de mi maldita vida de poeta, como si ya le dolieran los ojos de tenerlos siempre abiertos y llorosos, prestos a captar la más mínima sensación. Como si mi corazón estuviera cansado de sentir. Y supongo que se me ha traducido exteriormente, para no variar. Lo único que me apetece es quedarme horas y horas sin hacer nada útil, mirando a mi ordenador con los ojos vidriosos, leyendo hecha una bola en el sofá, escuchando música hasta destrozarme los tímpanos, o simplemente sentarme a una mesa, apoyar los codos, dejar la cabeza en las manos y fantasear, pensar y pensar en cosas que nada tienen que ver con mi vida real, durante horas... Esto, mezclado con mi reciente y persistente sensación de que se me está escapando el tiempo mientras duermo por dentro, sin hacer nada bueno que pueda dejar detrás de mí, sin poderme hacer a mí misma como quisiera, me ha sumido en un estado de desesperación letárgica que es como una horrible y callada pesadilla en la que sé que sueño y no puedo abrir los ojos.

(When this began)
I had nothing to say
and I get lost in the nothingness inside of me
(I was confused)
And I let it all out to find
that I’m not the only person with this things in mind
(inside of me)
but all the vacancy the words revealed
is the only real thing that I’ve got left to feel
(nothing to lose)
just stuck, hollow and alone,
and the fault is my own, and the fault is my own...
 
I wanna heal, I wanna feel
what I thought was never real,
I wanna let go of the pain I’ve held so long
(erase all the pain ’til it’s gone)
I wanna heal, I wanna feel
like I’m close to something real,
I wanna find something I’ve wanted all along,
somewhere I belong...
 
En mi opinión, las canciones existen para encontrar a quien las haga reales. Puede ser una quinceañera enamorada, una escritora de mente retorcida o una estudiante cabreada, una traicionada celosa, una gritona en busca de catarsis... yo las he sido todas. Es curioso cómo Linkin Park siempre parece hablar con mi voz, pronunciando con claridad las ideas de mi mente.
Somewhere I belong. Yo también quiero encontrar el lugar al que pertenezco. Encontrarlo, crearlo, o hacerlo de cada lugar al que vaya. Sentir que pertenezco a él, que pertenezco a mí misma, y que es así por justo derecho, que me he ganado ser mía, dueña de mi destino y de mi alma. Que aquello que hice a lo largo del camino me haya servido para sentir que vale la pena ser yo, que valí la pena para los demás y no me dejé arrastrar con languidez por la corriente.
 
Pero eso estoy haciendo.
 
Por eso tengo miedo. No es que sea algo típico de mí. No soy la persona más enérgica del mundo, vale, pero tampoco soy una babosa arrumbada en un rincón. Pero no quiero hacer nada... tengo unas ganas terribles de dormir, no dormir las siete horas tacañas antes de que suene el despertador y luego empezar un nuevo día, con energía y juventud como de mí se espera. Quiero dormir durante mucho, mucho tiempo, y viajar en mis sueños a un mundo absurdo donde sea incapaz de hilvanar dos pensamientos seguidos, donde no tenga que razonar ni explicar, donde me limite a existir sin más... despertar miles de años después, y no recordar nada, ni cómo me llamo, ni qué hice antes, cuántos años llegué a cumplir, qué me gustaba y qué no, qué prejuicios tenía, cuáles eran mis miedos, cómo me educaron y cómo me rebelé a ello... no recordar siquiera si me gustaban los hombres o las mujeres, sin recordar que amé y que deseé, no recordar absolutamente nada. Para volver a empezar de cero, limpia de todo, inocente, como tan mal visto está ser hoy en día... para vivir sin dejarme forzar ni influir por nada, para ser yo y buscar cómo ser feliz por mi propio pie, sin pensar si está bien o mal. Limitarme a ser...
  
Quizás es una manera distinta de mi cuerpo y de mi mente de enfrentarse al dolor. Quizás han comprendido que no me conviene volver a perder peso y a criar ojeras llorando como tonta encerrada en mi casa durante varios meses, y se han propuesto una estrategia diferente. Olvidar, no hurgar, dejar que todo flote indiferente en la superficie, hasta que el dolor termine por desintegrarse en las olas ácidas de mi mente. Y eso es lo que hace. Y no sé ya qué es peor.
 
Apatía. Apatía.
 
Tengo miedo. Miedo de estar equivocándome, de haberme puesto a cavar el agujero que no es. De no estar haciendo lo que debería, no ante nadie, si no ante mí misma. Pero, oh, ahí está otra vez el bostezo soñoliento y hastiado de mi consciencia, haciendo que a pesar de mi desesperación, a una parte de mí le importe cada vez menos lo que me está pasando. Y esa parte toma control sin poder yo evitarlo, ahogándome.
¿Alguien ha sentido alguna vez parálisis del sueño? Ocurre cuando te despiertas durante la fase REM, cuando deberías estar soñando, y tu cuerpo, paralizado para que ningún movimiento de tus sueños pueda dañarte, no responde. A mí me ha pasado, y siempre, siempre tengo la cara apretada contra la almohada, sin poder respirar, y sin poder ordenarle a mi cuerpo que se mueva. Esa desesperación medio dormida es la que siento ahora. Algo me está asfixiando y yo... yo no puedo hacer nada, algo en mí, tratando de protegerme, no quiere hacerlo.
 
Por eso siento tantas ganas de escapar de todo e irme lejos, muy lejos.
Cath